El merino regula la temperatura como pocas fibras: abriga cuando hace frío y respira cuando el cuerpo se calienta. Es la aliada de los días largos y cambiantes.
El bambú, en cambio, seduce por su frescura y su caída. Es suave, ligero y perfecto para el calor húmedo de Asunción.
No hay una mejor que otra: hay una mejor para cada momento. Y por eso las usamos a las dos.